La filosofía del vino

“Porque beber un Szentgyorgybery bajo el emparrado al caer el sol, constituye uno de esos momentos realmente solemnes en la vida de un hombre. Flores en un jarrón sobre la mesa (zinnias o girasoles) y leer a alguno de los grandes poetas, como Píndaro, Dante o Keats.¡Quien no reconoce un instante como este puede considerarse un hombre perdido!

Reseña del libro de Béla Hmvas, por Andrés Aguirre

“Porque beber un Szentgyorgybery bajo el emparrado al caer el sol, constituye uno de esos momentos realmente solemnes en la vida de un hombre. Flores en un jarrón sobre la mesa (zinnias o girasoles) y leer a alguno de los grandes poetas, como Píndaro, Dante o Keats.¡Quien no reconoce un instante como este puede considerarse un hombre perdido!

El húngaro Béla Hamvas (1897-1968), fue un hombre de su tiempo. Mantenía, especialmente, una cruzada contra todo fanatismo. De hecho, su defensa de arte abstracto frente al realismo le valió la condena del régimen comunista, que lo privó de su trabajo como bibliotecario y  la imposibilidad de publicar durante los durante los últimos 20 años de su vida.

Parte del libro tiene que ver con un líbelo contra los pietistas y puritanos. Pero, afortunadamente, más tarde Hmvas es influido por los místicos, introduce al vino la espiritualidad con ideas luminosas y profundamente originales.

Su espíritu liberal , lo llevó a enfrenarse tanto al fanatismo de los ateos, como al de los pietistas y a cualquier tipo de puritanismo. Consideraba al hombre como era un ser religioso y espiritual, pero siempre abierto al placer y a la belleza.

Creía en la división ternaria de todo. El vino tensdría así una una dimensión metafísica (filosófica), otranatural y una tercera ritual: la ceremonia del vino (hay que considerar la influencia de las teorías esotéricas y teosóficas en boga en esa época).

La metafísica del vino

Dese el punto de vista metafísico el vino es una máscara hierática (relativo a las cosas sagradas); una espiritualidad sagrada que representa lo mejor de una religión. Es decir detrás de esa máscara está lo mejor de una religión; es decir  el vino es uno de los actos de gracia suprema, el vino suaviza, ablanda. El vino nos devuelve a la vida originaria, el paraíso.

Sabemos, dice Hamvas, que no existe el vino en general, así como no existe el hombre en general. Existen las personas individuales, así como los vinos de Somlò, de Pannonhalma, de Arács, de Kiskoros. Todos los vinos pertenecen a una sola divinidad, pero cada vino posee su genio particular. Y todos estos genios son a su vez máscaras:

“Toda planta es en el fondo un genio, o un ángel, y puedo reconocer este pequeño daímon por su forma su color, su flor o su fruto, pero no de modo inmediato, sino de modo abstracto. Solo la nariz puede experimentar de manera inmediata la planta viva, pues el aceite que ella atesora comunica lo que de más profundo hay en su interior. La fragancia  es el secreto del ser vegetal”.

El vino como naturaleza

Béla Hamvas 1968

Según el escritor húngaro, los pueblos del vino no viven en la historia, o la misma frecuencia de la historia de otros pueblos; sino en la edad de oro por su aceite idílico. Por lo tanto, todos los países del vino y las regiones vinícolas son idílicos.

“Puedo distinguir entre vinos blancos y tintos, entre masculinos y femeninos; es más distingo entre vinos que son sopranos, contraltos, tenores o bajos, entre vinos homofónicos, polifónicos y sinfónicos. También suelo distinguir entre vinos solares, lunares y astrales (estrellas). Existen, también los vinos lógicos y los místicos, los visuales y los acústicos por ejemplo los vinos”. Cada vino nos impone la tarea siempre renovada de establecer distinciones

Para el húngaro, que no tiene ningún temor en avanzar en sus teorías por originales y extrañas que parezcan, la  tesis principal sobre la anatomía de la ebriedad, la raíz de toda ebriedad es el amor, pues el vino es amor en estado líquido.

Este singular autor místico, poeta y filósofo, nos presenta  un catálogo de vinos, principalmente,  húngaros. Por supuesto, está el famoso el famoso Tokaj , vino favorito de Napoleón, que es una mujer, en este caso una reina. NI siquiera el transporte marítimo consigue despojar al vino de Tokaj de sus magníficas cualidades. «El modo más digno de beberlo: en copas pequeñitas después de almuerzos o cenas» nos dice.

La ceremonia del vino

“Porque beber un Szentgyorgybery bajo el emparrado al caer el solal caer el sol constituye uno de esos momentos realmente solemnes en la vida de un hombre. Flores en un jarrón sobre la mesa (zinnias o girasoles) y leer a alguno de los grandes poetas, como Píndaro, Dante o Keats. ¡Quien no reconoce un instante como este puede considerarse un hombre perdido!

En esto Béla Hmvas es concluyente; “Quién no reconoce un instante como este puede considerarse un hombre perdido”.

“¡Vino! Vuelvo a repetirlo; ¡bebed vino! Entonces sentiréis deseos de besar, de ocuparos de las flores, de cultivar la amistad, de dormir bien y profundamente, de reír, de leer poesía en vez de periódicos por las mañana.

Andrès Aguirre

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